La necesidad de un Seminario

Hasta la década de 1960, los jóvenes de la Diócesis de Talca que manifestaban su vocación al Obispo, luego de un tiempo de seguimiento y acompañamiento de un sacerdote, eran enviados al Seminario Pontificio de Santiago. Allí hacían sus estudios de filosofía en el Seminario y los estudios teológicos en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica. A fines de la década de 1960 se produjo una crisis vocacional notable, al punto que el Seminario de Santiago quedó reducido a unos pocos seminaristas, y no había seminaristas de la Diócesis de Talca.

 

La historia muestra que la afluencia de vocaciones al sacerdocio pasa -en ocasiones- por períodos de baja que, gracias a Dios, se recupera. Así sucedió, y en 1972 comenzó un nuevo florecer de vocaciones y la Arquidiócesis de Santiago construyó el actual Seminario en la calle Walker Martínez, en el sector de La Florida. Rápidamente se llenó de seminaristas -nuevamente hubo seminaristas de la Diócesis de Talca- al punto que en el año 1979 el Sr. Cardenal Raúl Silva Henríquez, pidió a los Obispos de otras Diócesis que abrieran sus propios Seminarios, pues el de Santiago había copado su capacidad y no podía recibir seminaristas de otras Diócesis.

Nace el Seminario San Pablo de Rauquén

Respondiendo a la necesidad de formar a los futuros pastores de la Diócesis de Talca, y ante la imposibilidad de seguir haciéndolo en el Seminario Pontificio de Santiago, el entonces Obispo de Talca, Mons. Carlos González Cruchaga, luego de estudiarlo y rezarlo con el equipo de gobierno de la Diócesis , y con el apoyo de Monseñor Carlos Camus Larenas, Obispo de Linares -quien tenía la misma necesidad-, creó el Seminario Diocesano al que se le puso el nombre del Apóstol San Pablo. Una vez tomada la decisión, la primera tarea fue buscar un lugar adecuado para la fundación. Después de ver varias posibilidades, se decidió por la casona patronal del fundo de Rauquén, perteneciente a la antigua familia curicana de los Vidal. El fundo se había parcelado y la casona con los terrenos vecinos fue adquirida por el Obispado de Talca.

Era un lugar hermoso en las inmediaciones de Curicó, apartado del ruido de la ciudad, pero cerca de ella. La casa, antigua y hermosa, estaba habitada sólo en parte, y otra parte de la construcción estaba semidestruida y deteriorada. Sólo el comedor, un gran salón de recibo y siete piezas habitación, más una cocina y dos baños completos se encontraban disponibles para su uso.

La responsabilidad y dirección. de estos primeros años del Seminario de San Pablo estuvo a cargo de tres sacerdotes: P. Luigi Barbiero, P. Juan José Rubio y P. Ángel Lago. Asumió como Rector el P. Luigi Barbiero sacerdote italiano de la Diócesis de Treviso, quien había llegado a Chile alrededor de los años sesenta casi recién ordenado sacerdote. El P. Luigi Barbiero sirvió en la misión de Rector del Seminario durante 17 años, hasta el año 1998, cuando es sucedido por el sacerdote diocesano de Talca P. Luis Villalón.

El Seminario San Pablo de Rauquén, hoy

A fines del 2002, el P. Luis Villalón -atendiendo a su avanzada edad- presentó su renuncia como Rector, y Mons. Horacio Valenzuela nombró como Rector al P. Marcos Buvinic, quien se desempeñaba como profesor de Teología en la Universidad Católica del Maule y atendía la Parroquia de San Agustín, en Talca. Actualmente, el Equipo de Formadores está constituido, además por el P. Marcos Buvinic, como Rector, P. Luis Villalón, el P. Patricio Espinoza, el P. Marcelo Díaz y el P. Pedro Pérez, como Ecónomo.

El Seminario existe para formar los sacerdotes que serán los pastores del Pueblo de Dios. Así, a lo largo de estos 26 años han sido ordenados 55 sacerdotes (35 de la Diócesis de Talca y 20 de la Diócesis de Linares). Actualmente, el Seminario cuenta con 19 seminaristas (7 de Talca, 10 de Linares y 2 de Aysén), que siguen los estudios filosóficos y teológicos de la Licenciatura en Ciencias Religiosas de la Universidad Católica del Maule; siendo -junto con los formadores- una comunidad unida, alegre y laboriosa, que va creciendo en unión al Señor por medio de la oración y las diversas dimensiones de la vida de comunidad, en una convivencia franca y -al mismo tiempo- con las necesarias dificultades y búsquedas que dinamizan un proceso de formación sacerdotal.