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Admisión a las Ordenes
Hemos tenido la alegría de celebrar la Admisión a las órdenes sagradas de tres seminaristas de nuestra comunidad. Tanto Luciano Arriagada, de la Diócesis de Talca, como Héctor Alarcón Barraza y Sandro Paredes Díaz, de la Diócesis de Linares, cursan el segundo año de teología de su formación.
El rito de Admisión de Luciano se realizó en la Eucaristía presidida por Monseñor Horacio Valenzuela, Obispo de Talca, al iniciar el mes de María el día 8 de noviembre, mientras que Héctor y Sandro fueron admitidos en la Misa presidida por Monseñor Tomislav Koljatic el día 12 de noviembre en la capilla de nuestro Seminario.
Por medio de este rito, la Iglesia reconoce el llamado que les ha hecho el Señor a nuestros hermanos y ellos han manifestado públicamente su deseo responder a Él, comprometiéndose a una responsable formación con el fin de servir fielmente al Pueblo de Dios.

¿Qué es la Admisión a las órdenes sagradas?
Durante la preparación del Concilio Vaticano II, varios Obispos de la Iglesia pidieron al Papa Pablo VI el favor de proceder a la revisión de las órdenes menores y del subdiaconado con miras a acomodarlas a las verdaderas necesidades actuales de la Iglesia.
Tal petición se fundaba en que durante la historia de la Iglesia, tanto de Oriente como de Occidente, las órdenes menores no han sido siempre las mismas y muchas de las funciones unidas a ellas han sido ejercidas por seglares.
El Papa Pablo VI, después de madura reflexión y de consultar a los peritos en la materia, estableció y promulgó las nuevas normas y fijó las nuevas etapas que deben regir el proceso de formación de los candidatos a la orden sagrada, las cuales están consignadas en las Cartas apostólicas Ministeria quaedam y Ad pascendum, publicadas en forma de Motu proprio el mismo día 15 de agosto de 1972.
En la CartaAd pascendum se estable un nuevo rito, llamado rito de admisión entre los candidatos al diaconado y al presbiterado para aquellos que se preparan a la orden sagrada. Serán aceptados con tal fin sólo aquellos “que den muestra de verdadera vocación y, estando adornados de buenas costumbres y libres de defectos psíquicos y físicos, deseen dedicar su vida al servicio de la Iglesia para la gloria de Dios y el bien de las almas”; y, a su vez, aquellos “candidatos, en virtud de su aceptación, han de prestar especial atención a su vocación y al desarrollo de la misma; y adquieren el derecho a las ayudas espirituales necesarias para poder cultivar y seguir la voluntad de Dios, sin poner ninguna condición”.
La novedad del rito de admisión no se confunde con la antigua tonsura, de venerable antigüedad y por la cual se entraba a formar parte de la jerarquía eclesiástica. Ahora, la entrada en el estado clerical, por la reforma realizada por el Papa Pablo VI, se realiza más bien con la recepción de la sagrada orden al diaconado.
